COSTUMBRES POPULARES

Los carochos. Rito y tradición

  • 01/03/2004

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Los carochos
Rito y tradición en Aliste

Autor: Juan Francisco Blanco González
Páginas: 257
Lengua: Español
Editorial: Editorial Semuret, S.L.
Año edición: 2004
Plaza de edición: Zamora
ISBN: 84-889544-6-8
No venal


Prólogo

Para fraseando a Gabriel Miró, diré que amo los Carochos porque los han visto unos niños que fueron los abuelos de mis abuelos. Como puede verse es una cuestión casi genética.

El idilio que, de antiguo, he mantenido con los Carochos, comenzó siendo un niño de tierna edad. Escudriñando entre los viejos libros y papeles de mi padre, en una vieja rinconera de madera, me topé con unas láminas amarillentas por sus muchos años, en las que estaban dibujados a plumilla unos seres estrafalarios que yo nunca había visto, con sus trajes extravagantes, cuernos, pieles y extraños instrumentos en la mano.

Indagué sobre esos fantásticos personajes, y mi padre, que era el autor de los dibujos, me puso en contacto por vez primera con palabras tan sugerentes como: Carocho, Molacillo, Galán o Madama, que con el correr del tiempo me serían tan familiares, pero que en aquellos tiempos felices de la infancia estaban rodeadas de un halo de magia y misterio.

Transcurrió el tiempo, y yo casi había olvidado aquellas figuras legendarias, hasta que un día, con motivo de las fiestas patronales, en un lluvioso octubre, aquellos personajes míticos saltaron de las láminas amarillentas rompiendo la mortaja de la tinta, para encarnarse en los mozos de mi pueblo.

Allí estaban negros, fuertes e imponentes los dos Diablos, y el cantarín Molacillo, el burlón y lenguaraz Gitano o el apocado Ciego de las cruces, los Guapos, radiantes con sus manteos de colores y el viejo del Lino, renqueante, con su cojera a cuestas. Habían vuelto a la vida despertando de un largo sueño, como un Ave Fénix que renace de sus cenizas.

A la vista de estos figurados caballeros andantes, el adolescente barbilampiño y curioso que yo era por aquel entonces, se prometió a sí mismo que algún día encarnaría alguno de aquellos héroes mitológicos, y así fue durante algunos años.

Siempre me interesaron los trajes, pertrechos, ritos ceremonias y andanzas de estos 11 paladines, y como puede más la curiosidad que la ignorancia, a base de hacerme preguntas y buscar repuesta, aquí tiene el lector en unas pocas páginas la culminación de un sueño infantil: los Carochos, una somera reflexión sobre los personajes, los ritos y los actos, sin más pretensión que guardar memoria, en la medida de lo posible, de la vieja cultura de los alistanos. La única honra que nos queda, “Deo gratias”.