PRENSA

Editorial Semuret, 100 títulos

  • 15/09/2008
Editorial Semuret, 100 títulos

Editorial Semuret S.L.

Artículo de La Opinión de Zamora, edición digital. Lunes 15 de septiembre de 2008.

Semuret alcanza la publicación de 100 títulos.

Quince años de empeño sostenido y romanticismo.


Lo escrito y lo que está por escribir.

La editorial zamorana, fundada en 1993, aúna lo científico y lo divulgativo en su catálogo y dedica especial atención a la etnografía y a la historia de la provincia.

Un centenar de títulos (y, en ellos, una colección: la Biblioteca de Cultura Tradicional, con una veintena de trabajos). Un gran asunto (Zamora) y aproximaciones varias al conocimiento (historia, etnografía, lingüística, sociología, religiosidad popular, literatura, arte, canción popular, gastronomía, leyendas, teatro, novela…). Muchas disciplinas han tenido su asiento en las obras -se aúna lo científico y lo divulgativo- de la editorial Semuret, fundada por el librero zamorano Luis González en 1993, aunque el primer volumen apareció el año posterior. Algunos de los textos publicados son, por su entidad, de empleo y consulta en universidades españolas… Y, después de todo, de tanto, mira hacia adelante. El futuro, que suele ser de los emprendedores, está por escribir.

Jesús Hernández

‘”Memorias para la historia de la ciudad y tierra de Toro”, de Rafael Floranes, al cuidado de Luis Vasallo, inauguró la producción editorial en 1994. La edición se halla agotada. «Fue algo muy curioso. El venía, con su esposa, por aquí. Hablábamos mucho. Yo le participaba mi ilusión de editar, y que estaba dispuesto a meterme en ese mundo. Y, entonces, me dijo que él iba a montar una imprenta. Me quedé? Y me habló de un libro, con un estudio suyo, sobre la historia de Toro. Me di cuenta que era muy poco lo publicado sobre el pasado de esa ciudad. Me pareció interesante. Más aún si se tenía en cuenta que el autor también era el impresor? Aquello fue una experiencia muy bonita», recuerda Luis González. Los primeros números se “tiraron” en esa imprenta toresana. Su cierre determinó encargar tal labor a profesionales de Zamora, fundamentalmente, y de Salamanca (la Biblioteca de Cultura Tradicional, por decisión de su director, Francisco Rodríguez Pascual, que residía en la capital vecina).

El profesor de la Universidad de Valladolid y Comisionado de Patrimonio recuerda que «había finalizado la carrera y pensaba en preparar las oposiciones. Y casi pasé directamente del mundo estudiantil al universo de la empresa. Le comenté a Luis mi interés por Floranes. Quería saber algo sobre él, un verdadero erudito del siglo XVIII, que fue uno de los primeros investigadores de archivo. Escribió una historia, que no terminó, de Toro. Nunca se había publicado. El manuscrito ha sido muy utilizado, pero poco citado. El autor los llamaba “apuntes”». Y Vasallo Toranzo se atrevió a imprimir el segundo volumen de la colección. Su actividad profesional le impidió, después, continuar con la tipografía, que también es un arte. Ese mismo año fueron publicados otros dos títulos: “Trébol” (poemas de Luis Calbarro y Julio Marinas) y “En honor de Giordano” (de Concha Ventura Crespo). En el transcurso de 2008, Semuret ha puesto siete trabajos en los escaparates de las librerías: “Perspectiva sociológica de los emigrantes zamoranos a países del Centro Europeo” (de Angel San Juan), “El monasterio de Moreruela” (Javier Sainz), “El traje regional de Zamora. Una aproximación a su estudio” (Rodríguez Pascual), “Villamor de los Escuderos. Una historia rural” (José María Calvo de Andrés), “Argusino, un pueblo que duerme bajo las aguas” (José Miranda Crespo)… Antes del 31 de diciembre, cuando se descorchen alegrías, buenos propósitos y altos deseos, aparecerán otros tres libros: “Las mascaradas”, el tercer tomo del Ciclo de Navidad y “La Virgen del Viso y sus pueblos”.

La presentación de Semuret se efectuó en una sala el hotel “II Infantas”, y González recuerda -sin nostalgia, con buena memoria- una curiosidad que singularizó el acto: «fue una comparecencia sin libro», pues el volumen todavía «se hallaba en la imprenta». El editor estaba acompañado por Luis Vasallo, Luis Ramos y Javier Sáinz. Disponía de la portada y de la contraportada, y, ni corto ni perezoso, eso fue lo que dio a conocer. Al fin y al cabo, pudo pensar, algunos acreditados críticos no pasan de ahí. Los asistentes se quedaron con las ganas de alimentar el espíritu. Sin embargo, degustaron unas excelentes tapas y un oloroso vino, que compensaron la otra carencia. Posteriormente, el editor ha elegido distintos escenarios para mostrar sus publicaciones, como el Café Aureto, la Cámara de Comercio e Industria, la Uned o la Diputación.

La idea de crear una editorial bullía y bullía en la mente de Luis González. «Venía de atrás. Si te integras y amas el mundo del libro, ¿qué puede ser más bonito que la publicación de aquellas obras que echas en falta?». La ayuda y el impulso de Francisca Varo, su esposa, resultó fundamental. La iniciativa constituye «una aventura romántica. Nunca miras la cuestión económica, que también es importante. Por eso resulta un lance precioso? y muy caro». Una pasión por la cultura que no admite el desánimo. Quizá porque el treinta por ciento de los libros se hallan agotados, con especial incidencia en los volúmenes sobre historia, leyendas y cuentos de Zamora. La colección “Biblioteca de Cultura Tradicional” cambió y enriqueció el catálogo. «Ha dado un prestigio nacional a Semuret, ya que, críticamente, se nos ha calificado como la colección etnográfica más importante de cuantas se publican, ahora, en España. Y tal cosa representa una gran satisfacción para nosotros. Porque este tipo de libros y de ediciones son minoritarias, pero muy necesarias».

El escaparate y la trastienda.

No tiene vuelta de hoja: una librería es el escaparate y la trastienda. Lo más importante es lo segundo: no hay “best-seller” ni otros títulos de temporada. Lo más importante es lo segundo, en tiempos del cólera -esos que dan la sensación que duran cien años o más- y en días de vino y rosas, que suelen llevar a otras ebriedades. Luis González, universitario-empresario, sabe que la mañana se lleva mejor con un buen tinto, que la verdad se presenta mejor con buen talante, que la existencia se remansa mejor en la lectura demorada.

Sabe que la ganancia está en el trato llano. Y si lo piden, en ese caso, en el consejo sincero. (Le sube la tensión «cuando los clientes toman un volumen y, después, lo depositan en cualquier sitio», y, así «libros de técnicas sexuales aparecen, a veces, entre los de asuntos religioso». Y no, no puede comulgar con eso). Tiene un libro pendiente: “Cómo ser librero en una ciudad sin lectores? y no perecer en el intento”. Que guarden unas resmas de papel. Será una historia de tomo y lomo. Los domingos y fiestas de guardar, sin embargo, pasa página. Carpetazo y a otra cosa. Pueblo y Naturaleza. Aire sano. Y, a veces, se larga de pescata, que es, sobre todo, mirar la corriente (a lo mejor, va a dar a la Mar Océana). Lejos. No se sabe dónde cae eso. Sin móvil. Como descatalogado para el mundo? Todavía quedan idealistas en la vieja Semura.’



Enlace al artículo en La Opinión de Zamora: Lo escrito y lo que está por escribir.

Fotografía Javier de la Fuente.
Luis González, en su librería Semuret, antigua y moderna.