Historia

Respuestas Generales del Catastro de Ensenada de la Tierra de Benavente

  • 11/02/2016

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Respuestas Generales del Catastro de Ensenada de la Tierra de Benavente

Autor: Pedro Alfonso de Diego González
Lengua: Español
Editorial: Centro de Estudios Benaventanos “Ledo del Pozo”
Colaboran: Ayuntamiento de Benavente y Diputación de Zamora
Año edición: 2015
Páginas: 548
ISBN: 978-84-942037-6-3
PVP: 26,00€

 
Prólogo

“El sábado 1 de diciembre de 2012 el CEB “Ledo de Pozo” adjudicó por unanimidad su IV Beca de Investigación a Pedro Alfonso de Diego González, licenciado en Historia y Doctor por la Universidad de Oviedo, donde, meses antes, defendía su tesis bajo el título: El Gijón ilustrado y su concejo (1700-1815). Transformaciones sociales, poderes urbanos y conexiones con Francia. El objeto de la beca era la transcripción, estudio y posterior edición de las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada en la Tierra de Benavente. Entregado el texto en plazo y forma, distintas circunstancias del autor y del propio CEB han retrasado su publicación hasta la fecha. De la edición se ha encargado nuestro compañero y profesor del Área de Historia Moderna de la Universidad de Oviedo, Fernando Manzano Ledesma, experto en el siglo XVIII y buen conocedor de Benavente en el Antiguo Régimen, al que dedicó su tesis doctoral leída en 2007: Benavente en la Edad Moderna: la ciudad, sus habitantes y sus medios de vida. El profesor Manzano ha velado desde el principio, en estrecha sintonía con Pedro Alfonso de Diego, en la elaboración –y posterior edición- del texto e Índice de materias, que felizmente damos ahora a imprenta.

Aldea por aldea, y a través de las respuestas a cuarenta preguntas, ni más ni menos que 115 poblaciones y 26 despoblados desfilar por esta obra, de consulta imprescindible, para todo aquel que quiera conocer la situación del campo en época aparentemente remota, mediados del siglo XVIII, pero cuyas estructuras básicas han pervivido hasta la revolución agraria de los años 60 de la pasada centuria. Se trata, pues, de un documento clave por su extensión geográfica y riqueza informativa, sin parangón, recuerda Manzano, en ninguna obra centrada en la edición de las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada. Un texto que tiene además la virtualidad de permitir a los benaventanos reencontrarnos con nuestro vieja identidad territorial (merindades) que la arbitraria geometría provincial nunca ha hecho desaparecer del todo, un ámbito que está en la misma vocación fundacional del CEB Ledo de Pozo, la defensa y promoción de los valores históricos y patrimoniales del N de Zamora y S de León.

Un libro de la envergadura de este ha exigido un esfuerzo editorial –al que no ha sido ajeno CARGRAF Artes Gráficas- para aligerar en lo posible su rotundidad casi de infolio. Se ha ampliado tamaño a cuarto mayor, 21 x 28 cm, para hacerlo, sin duda, más liviano, a pesar de su sobrecosto adicional, según los modelos estándares que utilizamos en nuestras publicaciones; se han introducido portadillas, sencillas para cada una de las Merindades, que aliviasen la contundencia de un teto de 548 pp sin ilustraciones. Para esto se han utilizado las bellísimas imágenes de algunos estadillos catastrales de Toro que reflejaban los valores cuantitativos de la riqueza de cada pueblo. Elaborados por el gran tipógrafo y burilista zamorano Gerónimo Antonio Gil (1732-1798), su diseño se asimila a los cartuchos rococos, plagados de cornucopias, cartelas, rocallas, mascarones, guirnaldas, conchas, acantos, banderolas y panoplias, cada una de ellas debidamente adaptadas a nuestro propósito. Para las guardas, también se ha adaptado el mapa de Tomás López de la provincia de Valladolid, a la que por aquella sazón pertenecía nuestra villa y Tierra, reducido exclusivamente a las demarcaciones administrativas de la Tierra de Benavente. El diseño de las cubiertas ha buscado una solidaridad animosa y colorista entre un mapa histórico del territorio, con cierto regusto naïf, y el retrato de aparato del Marqués de Ensenada de Jacopo Amigoni. En suma, una edición cuidada, no solo en la enjundia del texto sino en el esmero formal por hacer más atractivo un libro difícil.

No nos queda, por fin, sino felicitar al autor, Pedro Alfonso de Diego González y al editor del libro, Fernando Manzano Ledesma, por el trabajo bien hecho y agradecer a la Profesora Camarero Bullón su amable presentación de la obra

_Fernando Regueras Grande, Presidente del CEB “Ledo del Pozo””

 
Presentación

“En una otoñal mañana, el 10 de octubre de 1749, tras arduos debates, tiras y aflojas y juegos entres pasillos y bambalinas, Ensenada conseguía que Fernando VI estampara su egregia firma al pie del Real Decreto que ponía en marcha la catastración de las Castillas, Catastración que, en apenas cinco años, supondría hacer realidad, en palabras del insigne hispanista Jean Pierre Amalric, “el viejo sueño de Dios: saberlo todo de todos”.

El todo eran las familias, los bienes, rentas y cargas de 6,5 millones de habitantes y un territorio de algo más de 370.000 km2. Con estos datos, no puede sorprendernos en hecho de que actualmente exista unanimidad en señalar la realización del Catastro que lleva su nombre como uno de los grandes logros de su ministerio (1743-1754), pues la documentación que generó ha ido acrecentando su importancia con los años, constituyendo hoy, sin duda, la base documental más importante para el estudio pormenorizado de la Corona de Castilla en el Antiguo Régimen. Y es que los fondos documentales del Catastro fueron y todavía son ingentes, a pesar de haberse perdido una parte muy considerable.

El hecho de que la única contribución no fuera implantada fue determinante para que, paulatinamente, tan impresionante volumen de papeles y de información fuese quedando sepultado en el olvido. Hasta finales del siglo XVIII se mantuvieron muy presente en la memoria de todos, gobernados y gobernantes, algunos de los cuales no parecían resignados a dar carpetazo al proyecto más revolucionario del siglo. Durante la centuria siguiente, el recuerdo del catastro se manifiesta por muy diversas vías. La más significativa fue quizás el que la aspiración a una contribución única quedase recogida en la Constitución de 1812. Por su parte, Canga Argüelles –autor de un famoso Diccionario de Hacienda- se lamentará de su fracaso y dejará escritos párrafos admirativos al talento y esfuerzo que se desplegaron. Los informantes de Pascual Madoz –autor del impresionante Diccionario geográfico- y él mismo recurrieron para miles de noticias a unos papeles que ya iban a cumplir su primer siglo, a la vez que se mostraba sorprendido de que tamaña obra no fuese más consultada por los hacendistas del momento. En 1878, Antonio Rodríguez Villa, que llegaría a bibliotecario de la Real Academia de la Historia, al publicar su biografía de Ensenada, vuelve sobre ello. En el siglo XX sigue aflorando la obra de Ensenada a la memoria de algunos, a pesar de que desde 1906 se estaba procediendo muy a paso de buey, a realizar un nuevo Catastro, ahora de rústica, en el que ya se aplicarán técnicas topográficas y cartográficas desconocidas en el siglo de las luces. Correspondería a Antonio Matilla Tascón –archivero del Ministerio de Hacienda- dar a conocer, por primera vez, con su obra La Única Contribución y el Catastro de la Ensenada (1947), cuál fuera la génesis del Proyecto de Única Contribución, dando paso de ese modo a que fueran muchos los estudiosos –entre ellos el editor de este libro y quien humildemente lo presenta- que literalmente se lanzaran al apasionante reto de sumergirse en los fondos del Catastro, siendo hoy uno de los conjuntos documentales más consultados.

Pero, por desgracias, la documentación de las distintas provincias no se ha conservado igual, siendo uno de los fondos catastrales peor conservado el Valladolid, provincia a la que pertenecían entonces Benavente y su tierra. Es por ello, por lo que la documentación que queda, y aquí se transcribe, cobra todavía más valor si cabe.

Hay, pues, que agradecer a Fernando Manzano Ledesma y a Pedro Alfonso de Diego González este libro, resultado de su entusiasmo, esfuerzo y buen hacer, que pone al alcance del lector esa foto fija de mediados del setecientos de las tierras y las gentes benaventanas, que son las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada de sus pueblos, aldeas y despoblados. Juzgue el lector por sí mismo.”

_Concepción Camarero Bullón, Catedrática de Geografía humana, Universidad Autónoma de Madrid

 
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