HISTORIA

Charlas de fragua y solana

  • 01/08/1998

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Charlas de fragua y solana

Autor: Agapito Modroño Alonso
Páginas: 147
Lengua: Español
Editorial: Editorial Semuret, S.L
Año edición: 1998
Plaza de edición: Zamora
ISBN: 978-84-88954-18-3
P.V.P.: 10,00€ — Agotado


Extracto:

Después de leer ese nuevo libro de Agapito, uno cree haber realizado un auténtico viaje a la semilla y, como el protagonista de “Viejas historias de Castilla la Vieja” de Miguel Delibes, se siente orgulloso de ser de pueblo.

Y es que a través de su prosa recordamos parajes en los que uno ha dejado irremisiblemente prendidos jirones de su alma: la espadaña de una torre, el centenario encinar de un teso o una laguna hecha carámbanos.

Así que hemos de agradecer a este entrañable amigo la afloración de estos sentimientos y la generosidad que ha tenido al prestar su voz a los que no la tienen: a los labriegos que dejaron su piel y regaron con su sudor las viesas del Raso; a los pastores que guiaron sus ovejas por trochas, cañadas o rublezados caminos, ya los pinganillos colgaran de los aleros, ya las chicharras barrenasen los tímpanos de las tardes de plomo candente de la canícula de julio: a los viticultores que curvaron su espinazo en el mismo de los majuelos; y en fin, a las mujeres, humildes y anónimas mujeres de tierra de Campos, que cuartaron su piel al sol, inclemente de los rastrojos o se dejaron los ojos zurciendo viejas ropas de faena a la anémica luz de los candiles.

Libro éste, por lo tanto, de gran interés antropológico. Con prodigiosa habilidad el escritor sabe evocar vívidamente mentalidades y oficios irremediablemente ya periclitados, y recrear con una visión agridulce, si bien nimbadas con el halo de magia inherente a todo lo que acontece en los primeros años de existencia (el paraíso en la tierra siempre está en la infancia), estampas palpitantes de la vida cotidiana de los seres humildes que han fraguado la intrahistoria de nuestros pueblos.

Y no se puede silenciar, por último, otro gran mérito del libro: la enorme competencia lingüística del autor para engastar en su prosa verdaderas joyas idiomáticas, venerables vocablos que la corriente viva del idioma ha ido orillando, pero que antaño fueron usados por plumas tan prestigiosas como las de Cervantes o el Arciprestre de Hita; y que en cualquier caso están revestidas de la autoridad que les otorga haber formado parte del idioma de hombres y mujeres envueltos en el nocturno silencio solamente roto por el croar de la rana, los ladridos lejanos o el tintineo melancólico de las cencerras al alba.

Disponte, pues, afortunado lector, a saborear las hermosas páginas de esta obra y a dejarte remover, por medio de las evocaciones de Agapito, los posos de oro han ido depositando el tiempo en lo hondo de tu espíritu.