HISTORIA

Manzanal del Barco y el sino del Esla

  • 01/12/2012

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Manzanal del Barco y el sino del Esla
[Monografía]

Autores: Manuel Gómez Ríos. Mª Elisa Glez-Moro Zincke. Eutimio Contra Galván
Páginas: 400
Lengua: Español
Editorial: Editorial Semuret, S.L
Año edición: 2012
Plaza de edición: Zamora
ISBN: 978-84-939660-9-6
P.V.P.: 15,00€ — Agotado


Prólogo

Como los árboles, necesitamos raíces. No prosperamos sin ellas, ni acertamos a definir con claridad nuestros afanes. La moderna psiquiatría sabe algo de eso. Dime de dónde vienes y te diré a dónde podrás ir. Dime de dónde vienes y te diré quién eres. Dime de dónde vienes y sabré algo real sobre ti.

Este libro es en verdad singular y atípico. Está dedicado a explorar las raíces de un pueblo modesto, pequeño, casi perdido en una provincia fronteriza y no menos perdida; Manzanal del Barco, provincia de Zamora, junto al río Esla, cuya agua, ay, se embalsó en la zona el siglo pasado y no precisamente para bien de las gentes de orilla.

Lo singular es la profundidad de la exploración. Los autores, diríase, han querido saberlo todo, conocerlo todo, a lo largo y ancho de la historia, a través de su detallada topografía, mediante una incansable búsqueda de fuentes documentales y orales, sin menosprecio de la riqueza lingüística ancestral o de los cuentos que los abuelos nos contaban a los niños, muertos de risa ellos, muertos de miedo casi siempre nosotros, los rapaces.
Este libro es una joya para naturales o descendientes de Manzanal del Barco. Pero va más allá e interesará igualmente a muchas otras gentes de lugares distintos e incluso distantes. Porque lo que en sus páginas se cuenta, en buena medida, es también válido para toda la comarca de Alba y para buena parte de la provincia zamorana y para muchos otros pueblos, no tan diferentes, de las restantes provincias de España. Porque su detallada mirada sobre las formas de vida de una pequeña aldea, que hace nada vivía como se vivía en la Edad Media o poco mejor, va a resultar útil a cuantos buscan miradas fidedignas sobre la esencia de núcleos rurales que de pronto se nos esfumaron, que ayer estaban, pero hoy no están.

Quiero decir que en las páginas siguientes no se va a encontrar el lector con un libro más, hecho con mejor intención que logros, sobre un pueblo modesto, para solaz exclusivo de los de esa localidad, como suele pasar con tantos otros libros, ciertamente dignos y meritorios, que florecen por aquí y por allá. Aquí hay Historia con mayúscula, ya lo creo que sí. Pero de exhaustiva y sorprendente profundidad. No parece que, al esforzado Manuel Gómez Ríos, apasionadamente manzanalino, le quedara un archivo por explorar, un documento por leer, una fuente escrita por consultar. Aunque la vida lo tuvo, como nos ha tenido a casi todos los de raigambre rural, de allá para acá, el orgullo por sus raíces jamás naufragó.

Pero además de Historia, aquí hay topografía, antropología, etnografía. Y hay geografía y economía. Esto último, debido sobre todo a la decisiva contribución de una investigadora universitaria, Elisa González-Moro, que, en su momento, para su tesis doctoral, colocó bajo su exigente microscopio académico toda la Tierra de Alba y con ella, claro, el término de Manzanal. Y hay en las páginas que vienen regusto por lo topónimos, por las formas de habla que nos fueron tan peculiares y que devuelven al lector de la zona a una súbita e inesperada infancia. Ese otro manzanalino, casi de profesión, desde luego de pasión, que es Eutimio Contra Galván, que lleva años y más años dando vueltas al cierre de este libro para que nada acabe quedando fuera de él, se ha pasado infinitos ratos -estoy seguro sin preguntárselo- hablando con los vecinos, con los ancianos del pueblo, hurgando en recuerdos ajenos, explorando esos otros archivos, tan frágiles como valiosos, que son los de la memoria.

Y como resultado de todas esas tareas, de esta triple pasión investigadora, verá de inmediato el lector que aquí late, tal cual, la vida de un pueblo, la de Manzanal del Barco, sí, pero como si se hubiera de pronto abolido el tiempo y fuera posible vivir todas sus épocas a la vez, sin perdida alguna.

Lean lo que sigue y se encontrarán disfrutando de carnavales antiguos, participando en ancestrales bodas de gaita y tamboril, oyendo cuentos, cantando con los mozos y mozas o enterándose, en fin, de cómo era el Barco, la barca, que dio nombre a Manzanal; y de cómo se vivía en la zona, cuando además de manzanales o huertas llenas de manzanos, había perales, nogales, higueras, negrillos, carpinterías, fraguas, arados, trillos, tornaderas, matanzas, carros, tamborileros, pellejeros, cantineros, pastores, labradores…

Este libro es el testimonio apasionado, veraz, repleto de datos, de una forma de vida, de poblamiento, que hoy agoniza sin retorno posible porque la vida sencillamente cambió (y no precisamente a peor, por más que nos resulte doloroso contemplar la extinción del mundo que nos dio la luz). Por eso vale la pena leerlo y no solo, repito, si uno es o procede de Manzanal del Barco. Aunque si, como en mi propio caso tal cosa ocurre o se da, el regalo es ciertamente mayor y redondo. Y uno no puede si no dar las gracias a quienes, con tanto esfuerzo, desvelo y generosidad, quisieron indagar en las raíces de quienes provenimos de ese tronco común.

Gracias a los autores. Y que disfrute el lector.