HISTORIA

Memorias para la historia de la ciudad y tierra de Toro

  • 01/05/1994

Memorias para la historia de Toro Rafael Floranes Luis Vasallo Toranzo Editorial Semuret

Memorias para la historia de la ciudad y tierra de Toro

Autor: Rafael Floranes, ed. de Luis Vasallo Toranzo
Páginas: 132
Lengua: Español
Editorial: Editorial Semuret, S.L
Año edición: 1994
Plaza de edición: Zamora
ISBN: 978-84-88954-00-8
P.V.P.: 13,00€ — Agotado


Prólogo

Vosotros habréis visto, lectores míos mi bien amados, que cuando un hombre se encuentra con otro a quien no conoce, o bien éste se detiene a hablar con su compañero que lleva al lado, la primera cosa que desea saber naturalmente, y le pregunta al momento sin poderse contener, es quién sea aquel sujeto, de que circunstancias, empleo, patria, calidad, etc. Y no primero sosegará su ánimo que, hasta haber adquirido estas noticias, las cuales parece que la curiosidad misma natural interesa sin saber nosotros quien la excita. Pues ni más ni menos sucede a un hombre (hablo de hombres) de ojos abiertos, pues de los de vista adormitada nada se cuenta) cuando llega a un pueblo donde nunca estuvo, o de que no tiene cabal conocimiento; su primer deseo es saber qué pueblo sea aquel, de qué antigüedad y fundación, qué gentes le habitan, qué costumbres siguen, qué gobierno tienen, de qué viven, qué género de artes, industrias y comercio profesan, qué campos labran, qué frutos cogen, qué ríos o fuente se le acercan, qué edificios sobresalientes le adornan, qué sucesos memorables han pasado por él. En una palabra, toda su historia. De donde venimos a sacar que el conocimiento de la historia es ingénito al hombre. Y así ciertamente Melchor Junio (JUNIO Quest, Politic. Part. 3ª, cap. 44, pág. 57) no necesitaba instruir a su viajero erudito dándole reglas de lo que había de observar y apuntar por memoria en los pueblos donde llegase; porque en país extraño todo el mundo es un viajero dirigido por la misma naturaleza. Por lo menos a mí me ha sucedido, yo he experimentado dentro de mí mismo estas sensaciones innatas de curiosidad o de instrucción. Primero en Vizcaya, después en Vitoria, sucesivamente en Valladolid, y por último en la ciudad y tierra de Toro. Luego que llegué a estos pueblos con la proporción de detenerme en ellos por algún tiempo, no primero descansé que me impusiese a satisfacción en su historia tópica y local. No me contenté con lo que vi con mis ojos y oí por mis oídos; me acerqué a los libros públicos, donde algo se dijese de su historia, separé de allí lo conducente, instituí por mí propio una inspección más detenida, consulté a sujetos noticiosos, averigüé antigüedades, recogí papeles y noticias, y penetré hasta los más ocultos senos de los archivos patrióticos. Y junto todo esto, y puesto en orden, en ese tiempo ya me sentí en estado de conocer la tierra que pisaba y poder decidir acerca de ella. No hacerlo así, cada uno en su caso, es lo mismo, a mi ver, que vivir un hombre sin sensaciones científicas.

Yo me hallé por casualidad en la ciudad de Toro en el verano del año 1781 (¿será 1981?), con motivo de algunos negocios que me llevaron a ella. Mi inclinación decidida por la historia, especialmente la municipal, que he creído siempre la más instructiva y útil para ir adelantando en la general de la nación y llevar ésta a complemento, no me llevó pasar en un ocio estúpido y monstruoso las preciosas horas sobrantes. Sabiendo con anterioridad que de una ciudad tan ilustre y memorable en el reino de León, dentro del cual había hecho en otros tiempos un papel sobresaliente, no se hallaba publicada historia particular; y habiendo averiguado allí que tampoco existía manuscrita, no pude menos de compadecer la desgraciada suerte de una población tan benemérita, de la cual sólo aquellas noticias se saben que van envueltas, y en cierto modo pocas en número y esas dispersas, incoherentes y truncadas, sin enlace, sin conexión, sin método, como las fue llamando a aquel teatro más bien la casualidad que el cuidado. De modo que por ellas sin otro ornamento es imposible formarse nadie ni una mediana idea de la ciudad a que pertenecen. Por lo que determiné no permitir por más tiempo mi diligencia a la demora. Y así, siguiendo el ejemplo de lo que había hecho anteriormente en Vizcaya y Álava, viviendo allí, y lo que después he continuado en Valladolid, desde que traslade mi domicilio a esta ciudad, me propuse averiguar la historia de Toro e imponerme en ella a fondo. Con este propósito pasé a hacerme cargo de la misma ciudad interior y exteriormente, me pasee por ella a satisfacción, la crucé muchas veces, vi sus edificios sagrados y profanos, observé sus antigüedades, copié inscripciones, recogí papeles y noticias, consulté `personas noticiosas, y finalmente me avancé a los archivos, aquellos que yo pude examinar en el corto tiempo de mi detención que no pasó de tres meses, prefiriendo entre ellos los más íntegros y sanos, los más bien conservados que no hubieses padecido la común fatalidad, porque entre éstos no dudaba se conservarse mayor número de anécdotas útiles, con las cuales y lo demás que se agregase por vía “excrpta” de la historia pública, fuese posible sacar la historia de aquella capital de la dolorosa esterilidad que que yacía.

Reunido todo esto y lo que posteriormente he podido adelantar por otros surcos y caminos, a expensas de algunos bienhechores y de mi propia observación siempre en vigilia para no dejar pasar especie conducente, esta diligencia seguida en vigilia para no dejar pasar especie conducente, esta diligencia seguida me ha venido a fructificar por último término de todo mi trabajo la pequeña colección que presento. La que ciertamente yo no he formado para el público, conociendo lo mucho que es debido a éste, sino sólo para mi gobierno e instrucción. Pero como después hayan llegado a verla personas instruidas, que saben bien la penuria que padecemos en orden a la historia de Toro, les ha parecido, que tal cual ella sea, no dejaría de ser útil su publicación, porque entre tanto que se sabe esto poco, por fin no se ignora todo. A más que puede darse el caso de que excitado con este principio, algún buen patriota toresano se anime y emprenda historia formal de esa ciudad para llenar lo mucho que yo dejo, continuando la inspección de los restantes archivos, y haciéndose surtir de todas partes aquel caudal grueso y opulento de documentos y noticias que a mí no me es posible, pero que es tan necesario para instituir de nueva planta una historia completa.

Entretanto, yo, que no ignoro cuanto dista un mero espécimen histórico de un cuerpo de historia perfecto y acabado de todos sus miembros, de necesidad no había de incidir en el error de cambiar los nombres dando a mi corta colección un título tan anchuroso, tan literal y magnífico; el cual por ninguno le corresponde. Me contentaré con que pueda caberle el de “Apuntamiento histórico de la Ciudad y tierra de Toro”. Historia, entiendo que propiamente sólo debe llamarse un encadenamiento seguido de noticias que abrace de principio a fin toda la plana del sujeto historiado, todo cuanto hay que decir de é digno de entrar en el marco del cuadro histórico. Mis lectores si no hallasen aquí los placeres de un estilo suave, dulce y afluente, podrán atribuirlo, si quieren disculparme, a que el carácter de la obra no lo permite; y si culparme, a que yo no le tengo. En efecto mis años van a tal sazón que cuidan bien poco de la exterioridad de las cosas, con tal que en ellas haya sustancia y solidez.