HISTORIA

Dejando hablar a la Edad Media

  • 01/12/1997

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Dejando Hablar a la Edad Media
Entre lo real y lo imaginario

Autor: María Luisa Bueno Domínguez
Páginas: 208
Lengua: Español
Editorial: Editorial Semuret, S.L
Año edición: 1997
Plaza de edición: Zamora
ISBN: 978-84-88954-15-2
P.V.P.: 12,00€


Prólogo:

Cuando Maria Luisa Bueno planteó en una comida en la Facultad la posibilidad de escribir este libro, lo cierto es que muchos se mostraron escépticos ante la viabilidad de una obra de estas características. El rígido academicismo que, en ciertas ocasiones, asfixia la natural creatividad de profesores y estudiosos de la Historia, más atentos a fríos parámetros científicos que a su condición de hombres de Letras, nos hizo pensar que la acogida de un trabajo tan heterodoxo no sería del todo buena. Sólo el tesón, el entusiasmo y la convicción que nos transmitía María Luisa nos permitían abrigar alguna esperanza en sentido contrario. Sin duda, para llevar a buen puerto la empresa que ella se había propuesto se precisaba una mujer valiente, alguien dispuesta a arrostrar las críticas de los cenáculos académicos. Y ella lo es, según reconocen incluso sus detractores. Pues bien, he aquí que su libro ha agotado su primera edición y me encuentro prologando la segunda.

He aquí también que, inesperadamente, algunos de los más reputados sabios del medievalismo hispano no han dudado a la hora de ponderar encomiásticamente la inusual perspectiva histórica que la profesora Bueno Domínguez decidió adoptar. “Éxito de público y crítica”, podríamos decir, parafraseando lo que se suele decir de una obra literaria o artística. ¿Las claves de este éxito? Ante todo, una. La descubrimos en el propio título: Dejando hablar a la Edad Media. Sinceramente, pienso que la buena acogida que los lectores han brindado a esta obra se debe precisamente a que María Luisa Bueno ha dejado hablar al espíritu del Medievo sin distorsionar ni actualizar su esencia. Con un estilo ágil y sencillo, utilizando técnicas literarias, pero sin dejar de utilizar con rigor las fuentes zamoranas (que ella conoce perfectamente desde que era una estudiante de doctorado), la profesora Bueno nos guía con mano experta por los recovecos más insospechados de la Zamora medieval. Sin alardes metodológicos nos presenta una Edad Media sin disfraz académico, que habla sin intérprete al lector. Ella misma lo define acertadamente en la dedicatoria de esta obra: Lo que es profundo no se tiene que demostrar. De ahí su acogida entre el gran público, algo que no es presamente habitual en los trabajos del medievalista, plagados necesariamente de una terminología y un aparato conceptual algo abstrusos para los lectores no iniciados.

Entiéndaseme bien. No pretendo deslegitimar la historia convencional, la académica. Nada más lejos de mi pensamiento. Considero que el rigor y el método científico no son incompatibles con la labor del historiador, más bien todo lo contrario. De hecho, me sublevan las proclamas de aquellos que quieren retornar a la decimonónica historia de los acontecimientos. Ahora bien, considero que la faceta humanística del historiador ha caído en el olvido en estos tiempos mecanicistas y sin alma, siendo del todo oportuno dar un “baño literario” al árido aparato conceptual que manejamos.

En efecto, hoy en día se echan de menos ensayos de tan amena lectura como el León hace mil años de Claudio Sanchez Albornoz, las obras de Menéndez Pidal o el Otoño de la Edad Media de Johan Huizinga, unos trabajos que supieron combinar literatura y rigor científico. En tiempos recientes, sólo el genial medievalista francés Georges Duby, recientemente fallecido, ha igualado la altura literaria y el buen hacer de titanes de la historiografía como las tres venerables figuras citadas. Por eso, cuando leí Dejando hablar a la Edad Media pensé que por fin había cundido el ejemplo en nuestro país. Alguien se había atrevido a romper unas reglas no escritas. Ciertamente María Luisa Bueno todavía no ha conseguido igualar el estilo español, no me cabe ninguna duda que ya se la puede proclamar su capaz continuadora, lo que no es poca cosa.

Continuadora por varias razones. En primer lugar, porque no se ha limitado a hacer un ejercicio Petit Historie, de fútil historia de la vida cotidiana. Y, en segundo lugar, por llevar a cabo una indagación histórica amplia de miras dentro de un marco narrativo bien documentado. Por supuesto, como no podía ser de otro modo, por las páginas de este libro asoma la vida material, desde las procesiones y las corridas de todos hasta las carnicerías y los herreros. También hay jugosas anécdotas, hábilmente narradas, como el escándalo de Las Dueñas.

Pero este libro no queda solo en eso. Aparecen también apasionantes perfiles biográficos, como el del obispo que nos habla en primera persona, así como intrigas por el poder propias de una historia política de viejo cuño. Aparecen, asimismo, originales disquisiciones sobre el tiempo profano y el tiempo de Dios, inspiradas en la compleja noción de tiempo largo de Ferdinand Braudel. Descubrimos también acertadas reflexiones sobre el orden jerárquico eclesiástico y la vida monástica (a propósito del monasterio cisterciense de Moreruela) que encajarían perfectamente en una Historia de la Iglesia. Y, sobre todo, se nos permite asomarnos al imaginario de la época, a la imagino civitatis que los zamoranos del Medievo tendrían de sí mismos. Por todo ello, me parece que clasificar este libro dentro de una minimalista Historia de la vida cotidiana es simplificar su contenido. Más allá de las apariencias, este libro encaja plenamente en una Historia de las Mentalidades vertida en forma de narrativa.

Finalmente, resta llamar la atención del lector sobre las modificaciones y mejoras que la autora ha introducido en esta segunda edición, en particular los mapas de la Zamora medieval y los arreglos en el capitulo V, en lo que toca a las semblanzas de los “mejores e ilustres” de la Ciudad. Tampoco puedo dejar de mencionar la conseguida recreación del juicio al que sometió el obispo Don Suero a las monjas de Las Dueñas, una recreación en la que el diálogo sostenido entre el prelado y las religiosas no tiene desperdicio.

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